Nuestra Historia

La historia de Saravia se remonta al año 1961, cuando fue fundada por Don Antonio Saravia. En sus inicios se trataba de una pequeña tienda familiar de cestería, cordajes, cortinillas y piezas de persianas, situada en la esquina de Juan Llorens, con la calle de pintor Vilaprades, y en la que también se vendían y reparaban persianas antiguas de madera.

En el año 1990, con tan solo 19 años, Jose comenzó a trabajar a media jornada en Saravia como aprendiz, compaginándolo con sus estudios de electrónica. Poco a poco fue descubriendo un mundo que le maravillaba: el contacto con el público, conocer cada día a personas distintas, trabajar con las manos…. Aquel chaval que empezó llevando la caja de herramientas a su encargado, cada día aprendía algo nuevo y se mostraba más encantado con su trabajo. 

De esta manera, llegado el año 1992, cuando el Sr. Saravia decidió jubilarse, Jose no lo dudó ni un instante: sería él quien se haría cargo del negocio. En su cabeza bullían miles de ideas que quería poner en práctica y con tan solo 21 años, mucho miedo y un montón de sueños, se decidió a dar el gran paso: llevar a Saravia a lo más alto del sector.

Los comienzos fueron difíciles, pero nada amedrentaba a aquel chaval. Siempre con el apoyo incondicional de su padre: “el Sr. Pepe”, que le acompañó en la puesta en marcha de su gran proyecto, aportando el capital que evidentemente le hacía falta y dedicando su tiempo a la venta en la tienda; y de Jaime, con el que trabajó codo con codo durante años, poniendo ambos el alma en cada proyecto, por pequeño que fuera, siempre con la misma ilusión y compromiso.

Así, Saravia iba creciendo de forma lenta pero sólida. Poco a poco fue ampliando el negocio: primero llegó la instalación de toldos y más adelante, se adentraron en mundo de las ventanas. Gracias a su manera tan especial de tratar a los clientes y a ese “don” que tenía para saber lo que necesitaba cada uno, el volumen de pedidos y trabajo iba subiendo día a día, por lo que tomaron la decisión de contratar un ayudante.

Y así llegó Edu:

Se empezaba a formar la gran familia Saravia. 

Fue una época maravillosa, llena de importantes proyectos -como la instalación de los toldos en la archiconocida “Plaza Redonda” de Valencia, o en históricos edificios como el Restaurante “La Marcelina”-, pero Jose no olvidaba sus comienzos y jamás dejó de lado lo que le hizo ser tan grande: sus clientes de toda la vida, los del barrio. Ponía el mismo empeño en una gran obra para una constructora, como en la “Sra. Reme” que acudía a la tienda para que le repararan la persiana que se había estropeado. Quizá su éxito radicó en ese empeño de no olvidar sus orígenes y en hacer que cada reparación, cada instalación, cada proyecto…. en definitiva, cada cliente fuera UNICO.

En 1997, cuando el pequeño local de Juan Llorens, 60 ya no daba más de sí, dado el volumen de encargos que tenían, decidió dar el gran paso y trasladarse a un local más grande en el número 62 de la misma calle: Su actual ubicación. 

Tras la jubilación del Sr. Pepe, había un vacío muy grande que no fue fácil cubrir, pasaron varias personas por ese puesto y por fin dieron con Pilar. Era la persona perfecta: Trabajadora como ninguna, organizaba la faena de cada día, atendía al teléfono, a los representantes y a los clientes que entraban en la tienda, siempre con su arrolladora personalidad que la he hecho, a día de hoy, ser una pieza fundamental de esta gran familia. 

nuestra imagen a lo largo de los años...

Han transcurrido muchos años, dos crisis importantes y una gran pandemia mundial, pero Saravia ha conseguido mantenerse en pie y salir de todas ellas reforzada. 

Actualmente, tras 60 años de existencia, somos una gran familia formada por grandes personas, todas ellas trabajadoras inagotables, honestas e involucradas en este gran proyecto que en su día soñó un chavalín de 19 años y que a día de hoy puede dar por cumplido:

“Ser empresa referente en su gremio, cuidando a cada cliente como si fuera el único”.

“A la memoria de Pepe y Concheta, siempre inspirándome en cada paso que doy, estéis donde estéis.”